ECO-05-A: La Revolución Marginalista

«El análisis repetido y la reflexión me han llevado a la opinión, algo novedosa, de que el valor depende enteramente de la utilidad.»
— William Stanley Jevons, The Theory of Political Economy, Prefacio a la primera edición (1871)


Génesis y Conexión Histórica

La economía clásica legó a la segunda mitad del siglo XIX un edificio imponente y una grieta en los cimientos. El edificio: la teoría del valor por el coste de producción —en su versión fuerte, el trabajo— de Smith y Ricardo (ECO-03-A), que Marx acababa de radicalizar en El Capital (1867; ECO-04-A). La grieta: la teoría no lograba explicar los casos más comunes. Si el valor lo fija el trabajo, ¿por qué una botella de vino añejo vale más que una nueva con el mismo trabajo? ¿Por qué un diamante encontrado por casualidad vale una fortuna? ¿Y cómo resolverse la vieja paradoja smithiana del agua y los diamantes (WN I.iv.13), que la propia tradición clásica reconocía sin resolver?

La respuesta llegó, curiosamente, por triplicado y casi simultáneo. En 1871, William Stanley Jevons (1835-1882) publicó en Manchester su Theory of Political Economy; ese mismo año, en Viena, Carl Menger (1840-1921) publicó sus Grundsätze der Volkswirtschaftslehre (Principios de economía política); y en 1874, en Lausana, Léon Walras (1834-1910) publicó sus Éléments d’économie politique pure. Sin conocerse, en tres tradiciones distintas —la inglesa utilitarista, la alemana y la francesa de ingenieros—, los tres llegaron a la misma idea central: el valor no viene del pasado (los costes), sino del presente y del futuro (las satisfacciones esperadas); y lo relevante no es la utilidad total, sino la utilidad de la última unidad: la utilidad marginal.

Esta «revolución marginalista» no fue solo una nueva teoría del valor: fue la refundación de la economía como ciencia del agente que elige bajo escasez, con herramientas matemáticas, y el origen directo de la tradición neoclásica que, a través de Marshall, dominará el siglo XX. De Viena, además, saldrá una rama peculiar —la Escuela Austríaca— que volverá a encontrarnos en ECO-07-A.


1. La intuición que lo cambia todo: el margen

El descubrimiento común puede enunciarse en una frase: las decisiones económicas no se toman entre «todo o nada», sino en el margen. Nadie elige entre «toda el agua del mundo» y «todos los diamantes del mundo»; elige entre un vaso más de agua y un diamante más. Y el valor de una unidad adicional depende de cuántas unidades se tienen ya.

1. La ley de Gossen

El primero en formularlo con claridad fue un oscuro funcionario prusiano, Hermann Heinrich Gossen, en un libro de 1854 ignorado por completo hasta que Jevons lo redescubrió y lo proclamó precursor. La primera ley de Gossen —hoy, ley de la utilidad marginal decreciente— dice: la intensidad del placer que proporciona el consumo de un bien decrece a medida que se consume más, hasta el punto de saturación. El primer pan sacia el hambre extrema; el quinto, casi nada; el décimo, molesta.

La segunda ley de Gossen completa el sistema: un consumidor que reparte un recurso escaso (renta, tiempo) entre varios bienes alcanza el máximo de satisfacción cuando iguala las utilidades marginales por unidad de gasto en todos los usos. Si el último ducado gastado en pan da más satisfacción que el último ducado gastado en vino, conviene comprar más pan y menos vino, hasta que ambos se igualen. En esta regla está contenido, completo, el modelo del equilibrio del consumidor que hoy abre cualquier manual de microeconomía.

2. Jevons: el cálculo del placer y el dolor

Jevons, formado en química y en lógica, discípulo intelectual de Bentham, planteó el programa con radicalidad: la economía debe ser «el cálculo del placer y del dolor», y por tanto una ciencia matemática. En su Theory define el concepto operativo: el grado final de utilidad (final degree of utility) es «el grado de utilidad de la última adición, o de la próxima adición posible, de una cantidad muy pequeña, o infinitamente pequeña, a la provisión existente». Sobre esa base formula su ecuación de intercambio: dos personas que intercambian dos bienes llegan al equilibrio cuando el cociente de sus grados finales de utilidad iguala al cociente de los precios. La teoría clásica del coste no desaparece, pero queda subordinada: el coste solo afecta al precio a través de la oferta, y la oferta solo afecta al precio a través de la utilidad final. «El coste de producción determina la oferta; la oferta determina el grado final de utilidad; el grado final de utilidad determina el valor» (Theory, cap. 4, resumen de Jevons).

3. Menger: la imputación y los bienes de orden superior

Menger llegó al mismo núcleo por un camino distinto y en algunos aspectos más profundo. En sus Grundsätze reconstruye la economía desde el individuo con necesidades y los bienes aptos para satisfacerlas, y añade dos piezas duraderas:

La escala de necesidades: cada individuo ordena sus necesidades por urgencia; las sucesivas unidades de un bien se destinan a satisfacciones decrecientemente importantes. El valor de una unidad cualquiera del stock es el de la menos importante de las satisfacciones que el stock alcanza a cubrir.
Los bienes de orden superior y la imputación (Zurechnung): el pan (bien de primer orden) vale por su utilidad; la harina, el horno y el trabajo del panadero (bienes de órdenes superiores) valen porque contribuyen a producir pan. El valor fluye «hacia atrás», de la satisfacción esperada a los factores productivos: es la teoría de la imputación, que responde a la pregunta clásica sobre la renta, el salario y el beneficio sin recurrir al trabajo como sustancia del valor. De esta raíz crecerán Böhm-Bawerk, Wieser y toda la Escuela Austríaca (ECO-07-A), con su énfasis en la subjetividad, el tiempo y el proceso.

4. Walras: el equilibrio general

Walras aportó la tercera pieza: la interdependencia de todos los mercados. En los Éléments construye la primera teoría matemática del equilibrio general: una economía de n mercados queda descrita por un sistema de n ecuaciones (demandas y ofertas de cada bien, que dependen de todos los precios), y existe un vector de precios que vacía simultáneamente todos los mercados. ¿Cómo se alcanza? Mediante el tanteo (tâtonnement): el mercado «grita» precios de prueba; si hay exceso de demanda, el precio sube; si hay exceso de oferta, baja; hasta converger en el equilibrio. El subastador walrasiano es la primera formalización de la mano invisible de Smith (WN IV.ii.9, cf. ECO-03-A §3) como mecanismo computacional descentralizado —y el ancestro directo del modelo Arrow-Debreu (1954), la cúspide formal de esta tradición.

2. La paradoja resuelta

Con la lente marginal, la paradoja del agua y los diamantes deja de ser paradójica. El valor de uso total del agua es inmenso —sin ella morimos—, pero su utilidad marginal es ínfima porque es abundante: un vaso más no satisface casi nada. Los diamantes apenas sirven para nada, pero son tan escasos que su unidad marginal satisface deseos intensísimos de ostentación o de corte industrial. El precio refleja la utilidad en el margen, condicionada por la escasez, no la utilidad total:

«Solo tenemos que rastrear cuidadosamente las leyes de la variación de la utilidad en función de la cantidad para llegar a una teoría satisfactoria del intercambio, de la que las leyes ordinarias de la oferta y la demanda son una consecuencia necesaria.» (Jevons, Theory, cap. 1)

El valor ya no es un misterio ontológico (¿dónde reside?, ¿el trabajo?, ¿la cosa misma?), sino una relación entre la mente del agente, la escasez y la última unidad. Con ello se cierra la disputa inaugurada por Aristóteles en EN V, 5 (ECO-01-A, §3.3) y se abre otra: si el valor es subjetivo, ¿qué garantiza el orden y la coordinación? — la pregunta que habitará el siglo XX.

3. La síntesis de Marshall: las dos hojas de las tijeras

La revolución podría haber degenerado en una nueva unilateralidad —utilidad contra coste, como antes coste contra utilidad—. Lo evitó Alfred Marshall (1842-1924), profesor en Cambridge, cuyos Principles of Economics (1890) dominaron la enseñanza de la economía durante medio siglo. Su imagen es la síntesis misma:

«Podríamos discutir razonablemente si es la hoja superior o la inferior de unas tijeras la que corta un pedazo de papel, como si el valor estuviera gobernado por la utilidad o por el coste de producción.» (Marshall, Principles, Libro V, cap. 3, sec. 7)

La demanda desciende: a menor precio, mayor cantidad demandada, porque la utilidad marginal decreciente solo justifica comprar más si el precio baja. La oferta asciende: producir más cuesta más en el margen (coste marginal creciente), y solo un precio mayor lo remunera. El precio de equilibrio es el punto de cruce —la gráfica oferta-demanda que todo el mundo reconoce hoy es marshalliana—, con el tiempo como variable de ajuste (corto plazo, largo plazo) y el consumidor capturando un excedente: la diferencia entre lo que habría estado dispuesto a pagar y lo que paga.

Con Marshall, la revolución se institucionaliza: la «economía política» pasa a llamarse, en su propuesta, simplemente economía (economics); el análisis marginal se convierte en el lenguaje común; y Cambridge se convierte en la capital de la profesión —la misma facultad desde la que, cuarenta años después, su alumno rebelde John Maynard Keynes declarará una nueva revolución (ECO-06-A).

4. Qué cambió y qué no

La revolución marginalista transformó la economía en tres sentidos duraderos:

1. Método: la economía se matematiza y se reconstruye como ciencia de la elección individual bajo restricciones —maximizar una función objetivo sujeta a escasez—, formato que conserva hasta hoy.
2. Objeto: del crecimiento y la distribución entre clases (Smith, Ricardo, Marx) se pasa a la asignación de recursos dados entre fines alternativos. Robbins lo formulará en 1932: la economía es «la ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios escasos susceptibles de usos alternativos».
3. Política: la teoría del valor-trabajo deja de sostener la teoría de la explotación; el salario y el beneficio pasan a explicarse por productividades marginales (J. B. Clark), y el debate sobre el capitalismo se traslada a otros terrenos.

Pero el precio de la victoria fue la abstracción: el homo economicus —agente aislado, con preferencias dadas y cálculo perfecto— nace como herramienta analítica y acabará, un siglo después, siendo puesto en cuestión empíricamente por la economía conductual (ECO-08-A). Y la pregunta que Walras resolvió en el pizarrón —¿cómo coordinan los precios a millones de desconocidos?— adquirirá dramatismo político cuando Mises y Hayek la conviertan en el argumento central contra la planificación socialista (ECO-07-A).


Ecos y Semillas para el Futuro

1. La Escuela Austríaca (ECO-07-A): la rama de Menger —Böhm-Bawerk, Wieser, y luego Mises y Hayek— llevará las intuiciones subjetivistas y temporal-procesales del marginalismo vienés hasta convertirlas en una tradición completa: teoría del capital, del ciclo y del cálculo económico.
2. La macroeconomía keynesiana (ECO-06-A): Keynes se formó en el Marshall de Cambridge y contra él se rebeló; entender el equilibrio parcial y el supuesto de pleno empleo es condición para entender qué negó la Teoría General.
3. La economía del bienestar: el excedente del consumidor y el equilibrio general fundan el análisis moderno de la eficiencia (Pareto, óptimos, teoremas del bienestar) que aún estructura el debate sobre mercados y Estado.
4. La economía conductual (ECO-08-A): todo el edificio descansa en un agente que maximiza utilidad con coherencia; cuando Kahneman y Tversky midan cómo decide de verdad la gente, el margen volverá a temblar.


Referencias Bibliográficas

Jevons, W. S. (1998). La teoría de la economía política* (J. Zabalza, Trad.). Pirámide. (Obra original publicada en 1871)
Menger, C. (1985). Principios de economía política* (M. J. Segador, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1871)
Walras, L. (1987). Elementos de economía política pura* (J. A. Domínguez Martín, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1874)
Marshall, A. (1948). Principios de economía* (Edición variorum, G. J. Stigler, Ed.). Aguilar. (Obra original publicada en 1890)
Gossen, H. H. (1983). The Laws of Human Relations* (R. C. Blitz, Trad.). MIT Press. (Obra original publicada en 1854)
Schumpeter, J. A. (1994). Historia del análisis económico* (M. Saborido, Trad.). Ariel. (Obra original publicada en 1954)
Blaug, M. (1985). Teoría económica en retrospectiva* (J. M. García de la Torre, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1962)