ECO-08-A: La Economía Conductual
«Las suposiciones sobre agentes que fundamentan el análisis económico […] no son las de un psicólogo. De hecho, a menudo son exactamente lo contrario. Mi hipótesis de trabajo es que los agentes económicos son humanos, y que los modelos económicos han de incorporarlo.»
— Richard H. Thaler, discurso del Premio Nobel (2017)
Génesis y Conexión Histórica
Toda la economía que hemos recorrido descansa, en última instancia, en una figura antropológica: el agente que elige. Los clásicos lo imaginaron movido por el interés propio (ECO-03-A); los marginalistas lo formalizaron como maximizador de utilidad (ECO-05-A); los neoclásicos del siglo XX lo endurecieron hasta convertirlo en homo economicus: preferencias completas, coherentes y estables, información procesada sin coste, cálculo perfecto de probabilidades, autocontrol absoluto. Los austríacos y Keynes habían objetado la ignorancia y la incertidumbre (ECO-06-A, ECO-07-A), pero lo hacían desde la filosofía. Faltaba algo más incómodo: datos.
La economía conductual (behavioral economics) es el movimiento que, desde mediados del siglo XX, se propuso medir cómo decide de verdad la gente —en el laboratorio, con experimentos replicables— y reconstruir la teoría sobre esa base. Su historia es la de tres generaciones: Herbert Simon, que formuló la disidencia conceptual en los años cuarenta; Daniel Kahneman y Amos Tversky, que en los setenta documentaron los sesgos sistemáticos del juicio y construyeron una teoría alternativa de la decisión; y Richard Thaler, que trasladó esos hallazgos a la economía financiera y a la política pública, convirtiendo la herejía en ortodoxia premiada con tres Nobel (Simon 1978, Kahneman 2002, Thaler 2017). Esta lección, que cierra el módulo, recorre ese arco: de la racionalidad limitada a los nudges, y termina preguntándose qué queda del homo economicus —y de nosotros.
1. Herbert Simon: la racionalidad limitada
La primera grieta la abrió un politólogo de Carnegie Mellon. En Administrative Behavior (1947) y en sus artículos de los cincuenta, Herbert A. Simon (1916-2001) observó que la teoría de la decisión que usaban los economistas no describía ninguna organización real. Las personas y las empresas no pueden maximizar —encontrar la opción óptima entre todas— por tres limitaciones constitutivas: disponen de información incompleta, de capacidad de cálculo finita y de tiempo limitado. La decisión óptima, computada con rigor, requeriría recursos que la propia decisión consumiría por completo.
¿Qué hacemos entonces? Simon acuñó dos conceptos gemelos:
– Racionalidad limitada (bounded rationality): la racionalidad humana es real, pero opera «dentro de los límites» del conocimiento y del cómputo disponibles.
– Satisfacer (satisficing, fusión de satisfy y suffice): en lugar de buscar lo óptimo, el agente fija un nivel de aspiración y elige la primera opción que lo alcanza. No buscamos la aguja más afilada del pajar: buscamos una aguja con la que se pueda coser.
El modelo no era una denuncia de la irracionalidad humana —Simon insistía en lo contrario: satisfacer es racional cuando el cálculo cuesta—, sino una reconstrucción realista. Y llevaba en germen una pregunta empírica: si la gente no calcula como el modelo, ¿cómo calcula? La respuesta la darían dos psicólogos israelíes.
2. Kahneman y Tversky: las heurísticas y los sesgos
A partir de 1971, Daniel Kahneman (1934-2024) y Amos Tversky (1937-1996) sometieron a cientos de sujetos —incluidos estadísticos profesionales— a pequeños experimentos de juicio bajo incertidumbre. El resultado, recogido en su programa de «heurísticas y sesgos» (Judgment under Uncertainty, 1974, y la antología de 1982), fue demoledor: la intuición humana no comete errores aleatorios alrededor del cálculo correcto, sino errores sistemáticos y predecibles, porque no calcula: usa atajos mentales (heurísticas) que suelen funcionar bien en la vida cotidiana pero fallan de formas detectables. Los tres clásicos:
– Disponibilidad (availability): estimamos la probabilidad de un suceso por la facilidad con que nos vienen ejemplos a la mente. Tras un accidente aéreo muy cubierto, volar parece más peligroso que conducir, aunque las estadísticas digan lo contrario.
– Representatividad (representativeness): juzgamos la probabilidad por el parecido con el estereotipo, ignorando las tasas de base. Descrito un perfil «ordenado, detallista, amante de los libros», la mayoría cree más probable que sea bibliotecario que camionero —aunque haya cien veces más camioneros que bibliotecarios—. Es el mecanismo de la falacia del jugador y de buena parte de los prejuicios.
– Anclaje y ajuste (anchoring): las estimaciones numéricas se «anclan» a cualquier cifra presente en el contexto, por absurda que sea. En el experimento célebre, una ruleta amañada que salía en 10 o en 65 arrastraba las estimaciones de los sujetos sobre el porcentaje de países africanos en la ONU: quienes vieron el 65 dieron cifras casi dobles que quienes vieron el 10.
El patrón importa más que cada caso: los sesgos son sistemáticos, luego no se cancelan en promedio, como exigiría la defensa estándar del homo economicus («los errores se compensan»). Y son predecibles, luego una teoría mejor es posible. Esa teoría llegó en 1979.
3. La teoría de las perspectivas
El artículo Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk (Econometrica, 1979) es el más citado de la historia de la economía. Kahneman y Tversky propusieron una alternativa a la teoría de la utilidad esperada —el modelo vigente desde Bernoulli y von Neumann— basada en cuatro regularidades experimentales:
1. Punto de referencia. No evaluamos resultados en términos de riqueza final, sino como ganancias y pérdidas respecto a un punto de referencia (normalmente, el statu quo). Perder 1.000 euros tras tener 10.000 no se siente como tener 9.000: se siente como una pérdida.
2. Aversión a las pérdidas (loss aversion). Las pérdidas duelen aproximadamente el doble de lo que alegran las ganancias equivalentes. Por eso rechazamos apuestas justas (50 % de ganar 110 o perder 100) que la teoría estándar aconsejaría aceptar, y por eso vender lo que perdemos nos resulta tan difícil.
3. Sensibilidad marginal decreciente en ambos dominios: los primeros 100 euros de ganancia importan más que los segundos; y la primera pérdida duele más que la misma cantidad añadida a una pérdida mayor. La función de valor resultante tiene forma de S y un codo en el punto de referencia, más pronunciado en pérdidas.
4. Ponderación no lineal de probabilidades. Las probabilidades muy pequeñas se sobreponderan (de ahí el atractivo conjunto de loterías y seguros) y las certezas casi completas se tratan como si fueran completas (efecto certeza).
Con estas piezas se explican de un golpe docenas de anomalías que la utilidad esperada no podía digerir —las paradojas de Allais (1953) y de Ellsberg (1961), que ya habían mostrado que la gente viola los axiomas de coherencia cuando las decisiones se enmarcan de formas distintas—, y sobre todo el efecto marco (framing): la misma decisión, descrita en términos de vidas salvadas o de vidas perdidas, produce elecciones opuestas. Las preferencias no solo se tienen: se construyen en el acto de decidir.
4. Thaler: del laboratorio a la economía
La tercera figura del movimiento, Richard Thaler (n. 1945), hizo de puente entre la psicología y la economía académica. Sus contribuciones muestran el estilo del programa: tomar una anomalía, nombrarla, demostrarla y cambiar la disciplina.
– El efecto dotación (endowment effect, 1980): la teoría estándar exige que el precio máximo que pagarías por un bien coincida con el precio mínimo al que lo venderías si fuera tuyo. Los experimentos muestran lo contrario: quienes reciben una taza exigen por venderla el doble de lo que quienes no la tienen pagarían por ella. Poseer algo lo revaloriza —la aversión a las pérdidas aplicada a la propiedad—, con consecuencias enormes para la teoría del intercambio y del derecho (el teorema de Coase supone justamente esa simetría).
– La contabilidad mental (mental accounting, 1985): la gente no gestiona un único presupuesto fungible, sino «cuentas» psíquicas separadas —el dinero «de la casa», el «de las vacaciones», el «premio»—, y gasta distinto según la etiqueta del dinero, violando la fungibilidad que la teoría supone.
– Las anomalías financieras: con Werner De Bondt documentó la sobrerreacción de los mercados (las carteras de «perdedores» acaban batiendo a las de «ganadores»), abriendo las finanzas conductuales: si los agentes tienen sesgos, los precios de los activos pueden alejarse de los fundamentales de forma persistente —la herejía frente a la hipótesis de mercados eficientes de su colega (y co-Nobel 2013) Eugene Fama.
– Los «casos límite» del homo economicus: su columna Anomalies en el Journal of Economic Perspectives (1987-2001) catalogó, trimestre a trimestre, los fallos de la teoría estándar hasta hacerlos imposibles de ignorar.
5. El nudge: la política de los sesgos
Si la gente decide con atajos y el contexto determina las elecciones (anclajes, marcos, opciones por defecto), entonces todo diseño de una decisión influye en su resultado: no existe una «arquitectura de la elección» neutra. De este hecho nace la propuesta política de Thaler y Cass Sunstein en Nudge (2008): el paternalismo libertario. Mantener la libertad de elección intacta (nadie prohíbe nada) pero diseñar el entorno para que la opción más probable de ser buena sea la más fácil:
– Opciones por defecto: la inscripción automática (con salida libre) en los planes de pensiones multiplicó el ahorro de jubilación en varios países; la donación de órganos varía del 4 % al 99 % según el país use opt-in u opt-out.
– Simplificación y recordatorios: formularios cortos, alertas de plazos, comparaciones claras de precios.
– Información en el punto de decisión: etiquetados nutricionales de semáforo, huella de consumo en la factura.
La «economía del empujoncito» se institucionalizó con rapidez inédita: la Behavioural Insights Team británica (2010), la unidad homóloga de la Casa Blanca (2015) y decenas de «unidades de nudge» en gobiernos y organismos. También suscitó las críticas esperables: ¿quién decide cuál es la opción «buena» y con qué legitimación empuja el Estado? ¿No son los nudges manipulación, solo que barata? ¿Y no esconden, tras la psicología amable, la renuncia a políticas estructurales más costosas? El debate —legitimidad del diseño de la elección— es hoy un capítulo estándar de la filosofía política aplicada.
6. Valoración: ¿muerte del homo economicus?
¿Qué ha cambiado realmente? La economía conductual no demostró que la gente sea «irracional» —sus sesgos son atajos adaptativos que funcionan en la mayoría de los contextos, como Kahneman y su crítico amistoso Gerd Gigerenzer convinieron en reconocer—, sino que la racionalidad perfecta no es una buena aproximación cuando las decisiones importan y son difíciles. La réplica profesional ha sido triple: incorporación (los modelos con sesgos —aversión a las pérdidas, descuento hiperbólico de Laibson sobre el autocontrol— ya son herramienta estándar), reducción de daños (en mercados competitivos y decisiones repetidas, las desviaciones se atenúan) y replicación (la «crisis de replicación» de la psicología de 2010-2015 obligó a depurar hallazgos frágiles, empezando por algunos priming; el núcleo —aversión a las pérdidas, anclaje, efecto dotación— sobrevivió).
Para la historia del pensamiento que cierra este curso, la ironía es delicada: la economía conductual no destruyó la tradición iniciada por Smith, sino que la completó. El Smith de la Teoría de los Sentimientos Morales (ECO-03-A §1) ya describía un agente social, mimético y gobernado por la opinión; Keynes ya hablaba de animal spirits (ECO-06-A §4); los austríacos ya insistían en la ignorancia radical (ECO-07-A). Lo que Simon, Kahneman, Tversky y Thaler aportaron fue el instrumento que a todos ellos les faltó: el experimento. Con él, el agente económico volvió a ser lo que nunca debió dejar de ser: un animal humano.
Ecos y Semillas para el Futuro
1. Cierre del módulo: el curso termina donde empezó —en la antropología. Aristóteles preguntaba qué lugar tiene la riqueza en la vida buena (ECO-01-A); la economía conductual pregunta cómo decidimos de verdad la vida cotidiana. La economía ha vuelto a ser, por esta vía, una rama del estudio del hombre.
2. Hacia la economía digital: sesgos, marcos y arquitecturas de la elección son hoy el material de las plataformas: los dark patterns son nudges al servicio del vendedor. Entender la conductual es condición de defensa del consumidor contemporáneo.
3. Hacia la política pública: impuestos, salud, ahorro, energía: casi todo programa moderno de gobierno incorpora ya equipos conductuales; el debate pendiente es su control democrático.
4. La pregunta abierta: si los individuos yerran sistemáticamente y los mercados amplifican o corrigen esos errores de forma imperfecta, ¿qué instituciones deben decidir? Es la vieja pregunta de Hayek (ECO-07-A) con psicología experimental de por medio —y sigue sin respuesta cerrada.
Referencias Bibliográficas
Simon, H. A. (1982). Models of Bounded Rationality* (Vols. 1-2). MIT Press.
Kahneman, D., & Tversky, A. (1979). Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk. Econometrica*, 47(2), 263-291.
Tversky, A., & Kahneman, D. (1974). Judgment under Uncertainty: Heuristics and Biases. Science*, 185(4157), 1124-1131.
Kahneman, D. (2012). Pensar rápido, pensar despacio* (J. C. Gómez Borrero, Trad.). Debate. (Obra original publicada en 2011)
Thaler, R. H., & Sunstein, C. R. (2009). Un pequeño empujón (Nudge)* (A. Rodríguez, Trad.). Taurus. (Obra original publicada en 2008)
Thaler, R. H. (2016). Todo lo que he aprendido con la psicología económica* (A. Marín, Trad.). Deusto. (Obra original publicada en 2015)
Akerlof, G. A., & Shiller, R. J. (2009). Animal Spirits: How Human Psychology Drives the Economy*. Princeton University Press.
Gigerenzer, G. (2008). Rationality for Mortals: How People Cope with Uncertainty*. Oxford University Press.
Bibliografía y fuentes
- Simon, H. A. (1982). Models of Bounded Rationality (Vols. 1-2). MIT Press.
- Kahneman, D., & Tversky, A. (1979). Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk. Econometrica, 47(2), 263-291.
- Kahneman, D. (2012). Pensar rápido, pensar despacio (J. C. Gómez Borrero, Trad.). Debate. (Obra original publicada en 2011)
- Thaler, R. H., & Sunstein, C. R. (2009). Un pequeño empujón (Nudge) (A. Rodríguez, Trad.). Taurus. (Obra original publicada en 2008)
- Thaler, R. H. (2016). Todo lo que he aprendido con la psicología económica (A. Marín, Trad.). Deusto. (Obra original publicada en 2015)
- Akerlof, G. A., & Shiller, R. J. (2009). Animal Spirits: How Human Psychology Drives the Economy. Princeton University Press.
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