«Si existe un hombre que voluntariamente yerra y obra fea y justamente mal, ese hombre, si es que tal existe, no sería otro que el hombre bueno.»
— Platón, Hipias Menor, 376b (trad. J. Calonge Ruiz, Editorial Gredos)
El Hipias Menor (Ἱππίας Ἐλάττων) es, sin disputa, el diálogo más perturbador del corpus socrático temprano. No porque Sócrates no encuentre la respuesta correcta —eso sucede en casi todos los diálogos aporéticos—, sino porque la conclusión a la que llega la dialéctica parece moralmente monstruosa y, sin embargo, el interlocutor no la puede refutar. Platón escribe aquí un experimento filosófico de una audacia que no volverá a repetir con tanta crudeza: lleva el intelectualismo moral hasta su límite lógico y deja que el lector contemple las ruinas. El resultado es un texto breve —apenas treinta páginas en Gredos— que ha ocupado a los comentaristas durante dos milenios y medio.
Génesis y Conexión Histórica
El escenario es inmediato y concreto. Hipias de Élide —el mismo sofista enciclopédico que protagonizó el Hipias Mayor (FIL-03-09)— acaba de ofrecer una conferencia pública sobre Homero. El punto de partida no es estético, como en aquella ocasión, sino heroico y moral: Hipias ha afirmado ante la audiencia que Aquiles es el mejor (áristos / ἄριστος) de los héroes homéricos, y Odiseo el más astuto (polútropos / πολύτροπος). Para Hipias, esta jerarquía es evidente: la sinceridad de Aquiles lo hace moralmente superior al engaño calculado de Odiseo.
Sócrates llega a la conversación desde afuera de la conferencia y solicita que Hipias repita su tesis. Esta modestia táctica socrática —fingir que no escuchó bien, pedir que se repita— es ya en sí misma una forma de ironía que el diálogo pondrá en entredicho: ¿es Sócrates también un engañador? La pregunta no es retórica; atraviesa el texto de principio a fin.
El contraste con el Hipias Mayor es revelador. Allí, el debate era sobre la naturaleza de lo bello (tò kalón). Aquí, el terreno se ha desplazado: la pregunta central es sobre la naturaleza de la virtud moral y, dentro de ella, sobre el estatuto ético del engaño voluntario. El mismo personaje —vanidoso, polígrafo, seguro de sí mismo— vuelve a sufrir la misma derrota dialéctica, esta vez en un terreno que creía dominar con mayor autoridad. La conexión entre ambos diálogos no es accidental: Platón construye con Hipias un tipo humano, el sofista como enciclopedista acrítico, que sabe muchas cosas pero no sabe cómo interrogarlas.
Históricamente, el diálogo se sitúa en el ambiente intelectual de finales del siglo V a. C., cuando los debates sobre la relación entre areté (ἀρετή — virtud, excelencia) y epistḗmē (ἐπιστήμη — conocimiento) estaban en pleno fervor. La pregunta de si la virtud es enseñable —que el Menón y el Protágoras abordan frontalmente— tiene aquí una encarnación específica: si el que sabe la verdad y elige mentir es más virtuoso que el que miente por ignorancia, ¿qué queda de la ecuación socrática «virtud = conocimiento»?
El Problema de la Mentira en la Ética Griega
Para entender por qué el Hipias Menor resulta tan desconcertante, es indispensable situar el concepto de engaño en el horizonte moral de la Grecia homérica y presocrática. En el mundo de la Ilíada y la Odisea, el engaño (dólos / δόλος) no es simplemente un vicio: puede ser una forma de excelencia táctica. Odiseo no es admirado a pesar de su astucia, sino por ella. La mētis (μῆτις) —la inteligencia práctica, el ingenio, la capacidad de ver lo que otros no ven y actuar en consecuencia— es una de las cualidades más celebradas en el panteón heroico griego. Atenea misma, la diosa de la sabiduría, es también la diosa del artificio y la estratagema.
Esta tradición crea una tensión profunda con la ética socrática. Para Sócrates, la mentira es siempre síntoma de una deficiencia de conocimiento: nadie miente voluntariamente sobre lo que genuinamente sabe, porque conocer el bien implica ya tender hacia él. El mal es siempre fruto de la ignorancia (amathía / ἀμαθία). Esta doctrina —el intelectualismo moral socrático— es la premisa sobre la que se construye toda la ética de los diálogos tempranos.
El Hipias Menor dramatiza la colisión entre estas dos tradiciones. Hipias defiende la superioridad moral de Aquiles desde parámetros casi homéricos: la sinceridad directa es mejor que la astucia calculada. Sócrates, en un giro desconcertante, parece defender a Odiseo —o más bien, usa a Odiseo como palanca para hacer saltar por los aires la distinción que Hipias cree evidente. El resultado es un diálogo donde nadie sale victorioso en términos morales: ni Hipias, que pierde el argumento, ni Sócrates, que llega a una conclusión que él mismo declara no poder aceptar.
Lo que hace al diálogo singular dentro del corpus platónico es precisamente este estatuto deliberadamente abierto. No es una aporía ordinaria donde Sócrates y su interlocutor descubren juntos que no saben lo que creían saber. Es una aporía donde el argumento produce una conclusión afirmativa —«el malo voluntario es mejor que el malo involuntario»— y esa conclusión resulta intolerable. La filosofía posterior tendrá que trabajar durante siglos para desactivar esta bomba lógica.
Segmentación Argumentativa Paso a Paso
Paso 1 — Aquiles vs. Odiseo: Haplús contra Polútropos (364c–366b)
a) Quién propone la tesis: Hipias de Élide, al inicio del diálogo, defiende que Homero ha querido mostrar la superioridad moral de Aquiles sobre Odiseo.
b) La definición exacta: Aquiles es haplús (ἁπλοῦς — literalmente «simple, sin pliegues, directo») mientras Odiseo es polútropos (πολύτροπος — «de muchos giros, tortuoso, versátil»). Aquiles dice siempre lo que piensa; Odiseo adapta su discurso a las circunstancias. Puesto que la verdad es superior a la mentira, Aquiles es superior a Odiseo.
c) La objeción socrática: Sócrates introduce un texto concreto de la Ilíada que Hipias no puede ignorar. En el canto IX (versos 357–363), Aquiles declara ante la embajada de los griegos que al amanecer siguiente partirá con sus naves hacia Ftía. Sin embargo, no lo hace: permanece en el campamento durante muchos días más y solo se reincorpora al combate cuando muere Patroclo. Si tomamos las palabras de Aquiles al pie de la letra, Aquiles mintió. Prometió partir y no partió.
d) Por qué falla la definición: La distinción entre Aquiles-sincero y Odiseo-engañador se desmorona cuando se lee el texto homérico con atención. Si Aquiles puede mentir —aunque sea «involuntariamente» o «en el calor de la ira»— la diferencia no es ontológica sino circunstancial. Hipias intenta salvar su tesis argumentando que Aquiles miente sin querer, movido por las circunstancias, mientras Odiseo miente deliberadamente. Pero esta defensa, como veremos, es precisamente la premisa que Sócrates necesita para su argumento.
Paso 2 — El Pseudḗs (ψευδής) como Hombre Poderoso: La Competencia Requerida para Mentir (366c–368d)
a) Quién propone: Sócrates, en su papel habitual de elenctic questioner, propone un análisis técnico del mentiroso competente.
b) La definición exacta: Sócrates establece un principio a través de una serie de ejemplos profesionales. Para mentir bien sobre geometría, es necesario conocer la geometría: solo el geómetra sabe qué afirmaciones son falsas en ese campo y puede enunciarlas con precisión calculada. Para mentir sobre medicina, hay que ser médico. Para mentir sobre música, hay que conocer la armonía. El buen mentiroso (pseudḗs deinos) es siempre el experto en la materia sobre la que miente: es el mismo individuo que, si quisiera, podría decir la verdad con igual maestría. Como formula el propio Sócrates: «el que quiere y puede decir falsedades, ¿no es el mismo que el que quiere y puede decir verdades?» (367e–368a).
c) La objeción socrática: La objeción es en realidad una conclusión provisional que Hipias se ve forzado a conceder: el mentiroso capaz (ho boulómenos te kaì dynámenos pseudḗ légein) y el veraz capaz (ho alētheuein) son la misma persona. No son tipos humanos opuestos; son el mismo tipo en distintas situaciones de elección. Odiseo y Aquiles, por tanto, no representan dos categorías morales distintas, sino dos usos distintos de la misma capacidad.
d) Por qué falla la posición de Hipias: Hipias había asumido que sinceridad e insinceridad son capacidades distintas, propiedades de almas distintas. Sócrates demuestra que son funciones del mismo saber. La jerarquía moral que Hipias establecía entre Aquiles y Odiseo queda sin fundamento epistemológico: si ambos poseen la misma capacidad —y ambos, como vimos en el Paso 1, mienten de hecho—, la diferencia moral entre ellos no puede fundarse en el tipo de persona que son, sino solo en la voluntariedad de sus acciones. Y esta apertura es la trampa que cierra el Paso 3.
Paso 3 — La Paradoja Central: El Mentiroso Voluntario (Hekōn) es Moralmente Superior al Involuntario (Akōn) (371e–376b)
a) Quién propone: Sócrates, en el movimiento argumentativo más audaz de todo el diálogo.
b) La definición exacta: Sócrates introduce los conceptos de hekōn (ἑκών — el que actúa voluntariamente, con plena conciencia) y akōn (ἄκων — el que actúa involuntariamente, por ignorancia o error). Aplica luego el principio del intelectualismo moral en su forma más estricta:
- La virtud (areté) es una forma de excelencia y poder (dýnamis / δύναμις) en un campo determinado.
- El que yerra voluntariamente en un campo lo hace porque puede no errar —tiene la capacidad, y elige no ejercerla.
- El que yerra involuntariamente lo hace porque le falta esa capacidad.
- Ahora bien: si la excelencia consiste en tener la capacidad, el que yerra voluntariamente tiene más excelencia que el que yerra involuntariamente.
- Aplicado a la justicia: el que comete injusticia voluntariamente tiene más conocimiento de lo justo —y por tanto más virtud— que el que la comete por ignorancia.
La cita que concentra toda la paradoja es la que abre este artículo: «Si existe un hombre que voluntariamente yerra y obra fea y justamente mal, ese hombre, si es que tal existe, no sería otro que el hombre bueno» (376b).
c) La objeción socrática: Hay que notar que aquí Sócrates no propone una objeción: propone la conclusión. La estructura es la inversa de todos los demás diálogos. La «objeción» viene del lector y de Hipias, que simplemente se niega a aceptar el resultado: «Yo no puedo estar de acuerdo contigo en eso, Sócrates» (376b). Pero no puede refutarla. La lógica del argumento es válida dentro de las premisas del intelectualismo moral; el problema está en las premisas.
d) Por qué la conclusión es filosóficamente explosiva: La paradoja opera en dos niveles simultáneos. En el nivel lógico, es una consecuencia rigurosa de identificar virtud con conocimiento: si conocer el bien es condición necesaria y suficiente para la virtud, entonces quien hace el mal sabiendo que lo hace tiene más conocimiento —y por tanto más virtud— que quien lo hace por ignorancia. En el nivel moral, la conclusión es inaceptable: ningún sistema ético puede sostener que el canalla calculador es más virtuoso que el pecador ignorante. La tensión entre estos dos niveles es lo que hace del Hipias Menor un documento filosófico de primer orden.
Paso 4 — La Aporía sin Resolución: «Doy Vueltas sin Poder Quedarme Quieto» (376b–376c)
a) El carácter de este final: El Hipias Menor termina de forma abrupta incluso para los estándares de los diálogos aporéticos. No hay despedida ritual, no hay promesa de volver a reunirse, no hay reformulación del problema para una ocasión futura. Sócrates confiesa su propia perplejidad con una imagen cinética que es casi única en el corpus: «También yo doy vueltas sin poder quedarme quieto en ningún razonamiento» (376c). Esta es una declaración de impotencia filosófica, no de modestia táctica.
b) La interpretación deliberada de la aporía: La ausencia de resolución es, con toda probabilidad, un gesto deliberado de Platón. El Hipias Menor funciona como una reductio ad absurdum del intelectualismo moral socrático: si llevamos hasta sus últimas consecuencias la tesis de que la virtud es conocimiento, llegamos a una conclusión moralmente inadmisible. La conclusión no puede ser correcta; luego alguna de las premisas debe ser revisada. Pero Platón no dice cuál ni cómo.
c) El camino hacia la solución: La solución llegará, en textos posteriores, por dos vías. La primera es la distinción entre epistḗmē (ἐπιστήμη — el saber teórico, proposicional) y phrónēsis (φρόνησις — la prudencia práctica, el saber incorporado en el carácter). No basta saber que el bien es tal cosa; es necesario que ese saber haya configurado el alma de tal manera que la acción correcta surja naturalmente. La segunda vía es la teoría del alma tripartita de la República: el conflicto entre lo que el alma sabe y lo que hace se explica porque el alma tiene partes distintas —razón, ánimo, apetito— que pueden estar en desacuerdo entre sí. El «malo voluntario» del Hipias Menor no es realmente «voluntario» en el sentido pleno: su parte apetitiva o anímica domina a la razón, que sabe lo correcto. Pero dentro del Hipias Menor, estas herramientas conceptuales todavía no existen.
Semillas y Ecos para el Futuro
El Hipias Menor es un diálogo seminal precisamente porque deja una herida filosófica que la tradición posterior ha intentado cerrar sin lograrlo del todo.
-
Aristóteles y la prohairesis: La Ética a Nicómaco (Libro III, caps. 1–5) retoma directamente el problema planteado por el Hipias Menor. Aristóteles introduce la noción de prohairesis (προαίρεσις — deliberación racional seguida de elección) para articular una distinción más fina entre lo voluntario y lo involuntario. Para Aristóteles, la acción virtuosa requiere no solo conocimiento del bien sino también disposición habitual del carácter (héxis / ἕξις), formada por la educación y la práctica repetida. El «malo voluntario» socrático no existe como tal para Aristóteles: el que hace el mal sabiendo que lo hace es, en el mejor de los casos, akrátes (débil de voluntad), no virtuoso.
-
La akrasía y el Protágoras: El problema de la akrasía (ἀκρασία — literalmente «falta de dominio», debilidad de voluntad: saber que algo está mal y hacerlo de todos modos) es el reverso exacto de la paradoja del Hipias Menor. En el Protágoras (352b–358d), Sócrates niega explícitamente la posibilidad de la akrasía: nadie puede saber que algo es malo y elegirlo conscientemente; si lo elige, es porque su cálculo hedónico está distorsionado. Pero el Hipias Menor va más lejos: no solo niega la akrasía, sino que convierte al akrátes en el más virtuoso. Ambas posiciones son desconcertantes; juntas, dibujan los límites del intelectualismo moral.
-
San Pablo y la impotencia de la voluntad: La resonancia más inesperada del Hipias Menor aparece en la Epístola a los Romanos (7:19): «El bien que quiero hacer, no lo hago; y el mal que no quiero, eso practico.» Pablo describe desde una tradición radicalmente distinta la misma fractura entre conocimiento y acción que el diálogo platónico dramatiza. Donde Sócrates convierte esa fractura en paradoja lógica, Pablo la convierte en experiencia religiosa del pecado y la gracia. En ambos casos, el «querer saber lo correcto» resulta insuficiente para garantizar el «hacer lo correcto».
-
Conexión con FIL-03-11 (Gorgias): El Gorgias retomará la pregunta moral desde otro ángulo: ¿es peor cometer injusticia o sufrirla? La respuesta socrática —que es peor cometerla, porque daña el alma del que la comete— presupone una teoría del alma que el Hipias Menor no tiene todavía. En el Gorgias, Sócrates puede decir que el injusto voluntario es el más desdichado de los hombres —lo contrario exacto de lo que concluye el Hipias Menor— porque ya cuenta con la distinción entre el bien aparente y el bien real, y con una teoría del castigo purificador. El camino entre ambos diálogos es el camino del desarrollo de la psicología platónica.
-
La paradoja en la filosofía contemporánea: La discusión sobre la acción voluntaria, el conocimiento moral y la akrasía es uno de los temas centrales de la filosofía analítica de la acción desde Donald Davidson («How is Weakness of the Will Possible?», 1970) hasta Bernard Williams. El Hipias Menor sigue siendo citado en ese debate precisamente porque formula el problema con una economía y una brutalidad que los textos modernos raramente alcanzan.
Bibliografía y fuentes
- Platón. (1981). Diálogos I. Editorial Gredos. https://amzn.to/4v4liOB
- Copleston, F. (2011). Historia de la Filosofía (Vol. 1). Ariel. https://amzn.to/4gQHI26
- Guthrie, W.K.C. Historia de la Filosofía Griega Vol. 4. Gredos.