FIL-01-I: Empédocles: Las Cuatro Raíces y el Cosmos

«Un doble relato voy a contarte: unas veces crecen hasta ser una sola a partir de muchas; otras se dividen para ser muchas a partir de una sola. Doble es la generación de los seres mortales, doble su desaparición. Pues a la una la reúne y la destruye el concurso de todas las cosas, y la otra, tras haberse alimentado a su vez al dividirse ellas, se dispersa y desvanece. Y estas cosas nunca cesan en su continuo alternar: unas veces por Amor reuniéndose todas en uno, y otras, en cambio, separándose cada una por la hostilidad del Odio.»
Empédocles, Fragmento DK 31 B 17 (Simplicio, In Phys. 157, 25). Recogido en Los filósofos presocráticos. Vol. II [Edición Gredos]

Génesis y Conexión Histórica

Empédocles de Agrigento (c. 495–435 a.C.) se sitúa en la encrucijada intelectual posterior al terremoto ontológico de Elea. Su planteamiento es incomprensible sin la lección anterior: la ontología radical de Parménides (FIL-01-G), que había decretado la absoluta inmovilidad del Ser y proscrito el no-ser, clausurando con ello toda justificación racional para el movimiento, la multiplicidad y el cambio en la física jónica clásica.

Para superar este bloqueo epistémico, Empédocles toma como punto de partida:

1. La herencia eleática Acepta que el ser absoluto no puede originarse de la nada ni disolverse en ella; lo real debe ser eterno, increado e inmutable en su nivel constitutivo mínimo.
2. La exigencia empírica Rechaza la conclusión parmenídea de que el mundo sensible es una mera ilusión (doxa); la pluralidad y el cambio son hechos fenoménicos que exigen una explicación racional.
3. La síntesis presocrática Combina las sustancias primigenias propuestas por los jonios (agua, aire, fuego) y añade la tierra, articulando un modelo composicional dinámico y mecánico.

1. La ruptura del monismo y la encrucijada eleática

La ontología de Parménides de Elea impuso un callejón sin salida especulativo a la incipiente physiologia (φυσιολογία) de los pensadores jonios. Al decretar que el ser es uno, indivisible, intemporal e inmóvil (monon [μόνον], ateleston [ἀτελεστον], atremes [atremes]), la vía de la verdad (alētheia [ἀλήθεια]) clausuró toda posibilidad lógica para el cambio, la alteración cualitativa y la destrucción del cosmos. Admitir la transformación de una sustancia primigenia (archē [ἀρχή]) implicaba aceptar el paso del ser al no-ser o viceversa, un abismo lógico insalvable bajo la premisa eleática de que el no-ser es impensable e inexpresable.

Frente a esta parálisis racional, los físicos posteriores —denominados pluralistas— se vieron obligados a salvar los fenómenos (sōzein ta phainomena [σῴζειν τὰ φαινόμενα]) sin vulnerar los principios lógicos fundamentales establecidos por Parménides. Empédocles de Agrigento asume este desafío a través de una audaz síntesis ontológica: no niega los atributos de eternidad e inmutabilidad que los eleatas exigían para el ser, sino que los multiplica. El devenir del mundo sensible, caracterizado por la pluralidad y el cambio, no es una ilusión de los sentidos (doxa [δόξα]), sino el resultado de la mezcla (mixis [μῖξις]) y separación (diallaxis [διάλλαξις]) de entidades originarias que, en sí mismas, permanecen inalterables.

La aparente destrucción y nacimiento no son transiciones ontológicas entre el ser y la nada, sino configuraciones geométricas y cuantitativas de lo que siempre es. Como afirma en su fragmento B 8: «No hay nacimiento para ninguna de las cosas mortales, ni fin en la muerte destructora, sino solo mezcla y separación de lo mezclado». Con este paso decisivo, la física presocrática abandona el monismo sustancial (la creencia en un único elemento mutable) y abraza el pluralismo mecánico, preparando el terreno para la química y la física atómica de la posteridad.


2. Las cuatro raíces (rhizōmata): De la deificación a la física elemental

Para superar el monismo jónico, Empédocles establece que la realidad física se cimenta sobre cuatro elementos irreducibles e imperecederos a los que denomina “raíces” (tetrastoicheia [τετραστοιχεῖα] o rhizōmata [ῥιζώματα]): fuego, aire, tierra y agua. En el fragmento DK 31 B 6, el filósofo de Agrigento introduce estas raíces mediante nombres de divinidades del panteón mítico, acentuando su carácter eterno y divino:

«Escucha primero las cuatro raíces de todas las cosas: Zeus resplandeciente, Hera dadora de vida, Aidoneo y Néstis, que con sus lágrimas empapa el manantial de los mortales.»
— Empédocles, DK 31 B 6 (Aecio, I, 3, 20).

La exégesis filológica clásica asocia estas divinidades con los siguientes ámbitos elementales:

Fuego • πῦρ
Zeus
La naturaleza ígnea, luminosa y cálida del cosmos. Representa el calor activo.
Aire • ἀήρ
Hera
El aliento vital, respirable e invisible que sostiene el movimiento orgánico.
Tierra • γαῖα
Aidoneo
La solidez, estabilidad y dureza terrestre. El Hades que aporta estructura física.
Agua • ὕδωρ
Néstis
La humedad seminal, móvil y fluida. La deidad cuyas lágrimas nutren la vida.

Estas raíces poseen los atributos formales del ser de Parménides: son increadas (agenēta [ἀγένητα]), indestructibles (anōlethra [ἀνώλεθra]), cualitativamente homogéneas e idénticas a sí mismas en el tiempo. Ninguna de las raíces es anterior ni superior a las demás; coexisten en un plano de igualdad ontológica y temporal (isotimoi [ἰσότιμοι]).

La novedad metodológica de Empédocles radica en que el cambio en la physis (φύσις) ya no se concibe como una alteración cualitativa interna de la materia (como la rarefacción y condensación de Anaxímenes), sino como una combinación mecánica exterior. La diversidad del cosmos surge de la proporción (logos tēs mixeōs [λόγος τῆς μίξεως]) con la que estas cuatro raíces se entrelazan. Aristóteles en su tratado De Generatione et Corruptione señala que este modelo representa el primer intento sistemático de clasificar cualitativamente los componentes materiales del universo, anticipando el concepto de elemento químico que postularía Boyle milenios después.


3. Las fuerzas motoras extrínsecas: Philia (Amor) y Neikos (Odio)

Dado que las cuatro raíces materiales son intrínsecamente inertes y carecen de la capacidad de auto-movimiento (a diferencia del hilozoísmo de los pensadores de Mileto, donde la materia poseía alma y vida propia), Empédocles introduce dos principios motores de carácter extrínseco que operan sobre ellas: el Amor (Philia [Φιλία], Storgē [Στοργή]) y el Odio o Discordia (Neikos [Νεῖκος]).

Estas dos potencias antagónicas no representan meros sentimientos antropomórficos, sino fuerzas físicas universales que rigen la dinámica de los agregados materiales:

Philia (El Amor • Φιλía) Es la fuerza atrayente y unificadora del cosmos. Su función es juntar los elementos heterogéneos (fuego, aire, tierra y agua) para formar compuestos orgánicos complejos y, en su apogeo, disolver toda diferencia en la paz indivisible del Esfero.
Neikos (La Discordia / El Odio • Νεῖκος) Es la fuerza repulsora y segregadora del cosmos. Su función es romper las uniones complejas y separar las raíces, conduciendo a cada elemento a agruparse únicamente con su propia clase (fuego con fuego, tierra con tierra), provocando el colapso estéril del desorden.

Al independizar la causa material (las cuatro raíces) de la causa eficiente u origen del movimiento (el Amor y el Odio), Empédocles prefigura la posterior división aristotélica de las causas. La tensión perpetua entre estas dos fuerzas genera un ciclo dinámico que determina la evolución del universo.


4. El Ciclo Cósmico: La oscilación perpetua del universo

El cosmos empedocleano no es un sistema estático, sino un proceso cíclico eterno determinado por la alternancia en el predominio del Amor y el Odio. Esta cosmología mecánica describe un universo que transita continuamente entre la unidad absoluta de los elementos y su dispersión total.

Simulador Dinámico del Ciclo Cósmico

«unas veces por Amor reuniéndose todas en uno, y otras, en cambio, separándose cada una por la hostilidad del Odio.»
— Fragmento DK 31 B 17
1. El Esfero (Sphairos [Σφαῖρος]) – Amor (Philia [Φιλία])
Bajo el dominio absoluto de Philia (Amor), las cuatro raíces están fusionadas en una mezcla homogénea y perfecta. No hay pluralidad ni entes materiales diferenciados; el cosmos descansa en un estado de quietud divina y simetría esférica absoluta.

Este ciclo cósmico oscila perpetuamente a través de cuatro estadios diferenciados:

  1. El Esfero (Sphairos [Σφαῖρος]) – Imperio del Amor (Philia [Φιλία]):
    Representa el imperio absoluto del Amor. Las cuatro raíces se hallan tan íntimamente mezcladas y disueltas que forman una esfera perfecta, inmóvil y homogénea, carente de formas singulares o seres particulares. Es una unidad divina semejante al Ser indivisible de Parménides. En este estado, el universo reposa y se encuentra en un trance sagrado de paz inmaculada.
  2. La irrupción del Odio (Neikos [Νεῖκος]) – Cosmogénesis:
    El Odio penetra desde la periferia hacia el centro del Esfero, iniciando la segregación de los elementos. Es en este periodo de transición y conflicto dinámico donde el ordenamiento del cosmos se hace posible; las fuerzas combinadas del Amor y el Odio permiten la mezcla imperfecta y dinámica, dando origen a la vida orgánica, los astros, los continentes y los seres particulares.
  3. El triunfo del Odio – Muerte Térmica:
    Los elementos se separan por completo, agrupándose de manera estricta y homogénea (tierra con tierra, fuego con fuego, aire con aire y agua con agua). En este punto, al no existir mezcla ni atracción entre elementos diferentes, el cosmos ordenado colapsa en la esterilidad. Es la muerte del movimiento vital, la inmovilidad de la separación pura.
  4. El retorno del Amor (Philia [Φιλία]) – Reorganización:
    La fuerza atractiva vuelve a introducirse en las esferas de elementos aislados, forzando nuevamente su mezcla. Este segundo periodo de transición engendra otro ciclo de cosmos sensible hasta que los elementos son asimilados por completo en la homogeneidad divina del Esfero.

5. La purificación del alma: Vegetarianismo ético y el Papiro de Estrasburgo

Durante siglos, los filólogos e historiadores de la filosofía (especialmente desde el siglo XIX con Wilamowitz) postularon una contradicción insalvable en la figura de Empédocles. Por un lado, aparecía como un físico riguroso, observador de la naturaleza, autor del poema cosmopolítico Sobre la Naturaleza (Peri Physeos). Por el otro, se le presentaba como un chamán o taumaturgo, influido por el misticismo pitagórico, autor de las Purificaciones (Katharmoi), donde afirmaba recordar sus vidas pasadas como arbusto, pájaro, pez y doncella, y donde recetaba rigurosas purificaciones morales.

Esta supuesta escisión intelectual colapsó definitivamente en 1999 gracias al descubrimiento del Papiro de Estrasburgo. Este rollo de papiro, recuperado de una máscara de momia egipcia y traducido por Alain Martin y Oliver Primavesi, contiene 74 líneas de versos originales de Empédocles. La importancia de este hallazgo filológico es monumental: demostró de forma concluyente que las doctrinas físicas del ciclo cósmico y las enseñanzas teológicas sobre la transmigración de las almas pertenecen a una misma y única obra teológico-física.

El Papiro de Estrasburgo (1999)

Sobre la Naturaleza Física / 4 Raíces
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Purificaciones Mística / Daimon

Unidad doctrinal: Demostró la íntima conexión entre la física de los elementos y la caída teológica del daimon. La caída de la unidad refleja físicamente la irrupción de la Discordia (Neikos) en la materia homogénea.

El papiro vincula la caída del daimon (el alma o espíritu divino exiliado) con la dinámica misma de la física cósmica. La irrupción del Odio (Neikos) en la mezcla homogénea del Esfero a nivel macroscópico se refleja microscópicamente en la desobediencia del daimon. El daimon es castigado a errar lejos de los inmortales por “tres veces diez mil estaciones” (tris myrias hōras, DK 31 B 115) como castigo por su pecado original: la alianza con la Discordia y el derramamiento de sangre (asesinato y consumo de carne).

Para Empédocles, la transmigración de las almas (metempsícosis) no es una creencia supersticiosa, sino una consecuencia lógica de su ontología física:

Parentesco universal (sympatheia) Puesto que todos los seres del cosmos están formados por las mismas cuatro raíces combinadas por el Amor, existe una hermandad física y ontológica universal entre todos los entes vivientes.
Atrocidad del sacrificio Empédocles condena de forma absoluta el sacrificio de animales. Matar a una bestia es asesinar a un pariente reencarnado: «¿No cesaréis de la ruidosa matanza?» (B 136).
El camino de retorno Para que el daimon purifique su materia y retorne a la armonía original, debe abstenerse del mal (la violencia del Odio), comer de forma vegetariana y cultivar la justicia.

La leyenda de su muerte es coherente con este anhelo de divinización y retorno físico a la mezcla primordial: se dice que, sintiéndose un dios exiliado en la tierra, saltó al cráter encendido del Monte Etna para fundirse físicamente con el fuego cósmico primordial, dejando atrás únicamente una de sus sandalias de bronce, devuelta por el volcán.


6. De la Jonia arcaica a la física de sistemas complejos

La cosmología dinámica de Empédocles de Agrigento, lejos de ser una especulación puramente poética, ofrece un marco analógico precursor de principios termodinámicos modernos y del modelo estándar de partículas:

Interacciones elementales La tensión entre Philia (atracción) y Neikos (repulsión) evoca las fuerzas fundamentales de la física contemporánea (gravedad, electromagnetismo y fuerzas nucleares).
Entropía y Muerte Térmica El imperio absoluto del Odio (segregación pura de elementos) prefigura la máxima entropía de la Segunda Ley de la Termodinámica: la inmovilidad de la muerte térmica del universo.
Estructuras Disipativas La vida y la complejidad no ocurren en el reposo del Esfero ni en el caos del Odio puro, sino en el umbral dinámico de transición, tal como teorizó Ilya Prigogine.

Semillas y Ecos para el Futuro

La cosmología dinámica de Empédocles plantó las bases para el desarrollo conceptual de las siguientes corrientes y autores de la posteridad:

  • La física hilemórfica de Aristóteles: Quien sistematizará el concepto de los cuatro elementos, dotándolos de cualidades contrarias (caliente/frío, seco/húmedo), armadura explicativa que dominará la ciencia natural hasta la revolución científica del siglo XVII.
  • La medicina humoral galénica: La noción de que la salud y el carácter dependen de la proporción exacta de las raíces inspirará directamente la teoría médica de los cuatro humores corporales (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra).
  • El atomismo de Leucipo y Demócrito (FIL-01-K): La disociación empedocleana entre la materia pasiva (raíces) y las fuerzas eficientes (Amor/Odio) iniciará el camino hacia la física mecánica, que prescindirá de la intención teleológica en favor de las colisiones necesarias en el vacío.

Referencias Bibliográficas

    • Copleston, F. (2011). Historia de la Filosofía. Tomo I: Grecia y Roma. Barcelona: Ariel. [Ver en Amazon]
    • Empédocles. (1985). Fragmentos. En Kirk, G. S., Raven, J. E., & Schofield, M., Los filósofos presocráticos. Vol. II. Madrid: Editorial Gredos. [Ver en Amazon]
    • Guthrie, W. K. C. (2010). Historia de la Filosofía Griega. Tomo II: La tradición presocrática desde Parménides a Demócrito. Madrid: Editorial Gredos. [Ver en Amazon]
    • Martin, A., & Primavesi, O. (1999). L’Empédocle de Strasbourg (P. Strasb. gr. Inv. 1665-1666): Édition, introduction et commentaire. Berlín: Walter de Gruyter.
    • Prigogine, I., & Stengers, I. (1997). La nueva alianza: Metamorfosis de la ciencia. Madrid: Alianza Editorial.